Cuando la noticia del incendio irrumpió en mayo de 2014, una verdadera tristeza asoló Glasgow. El humo de la Escuela de Arte de Glasgow se podía ver a kilómetros y de forma inmediata la gente se reunió para ver y llorar la pérdida de un edificio con tanta importancia para su ciudad. El edificio representa el carácter de la ciudad – su principal obra por su más reconocido arquitecto – y la noticia tuvo una repercusión internacional a la que respondieron con mensajes de simpatía artistas y arquitectos de todo el mundo.
Con el paso del tiempo, y una vez el daño fue evaluado, comenzó el debate sobre lo que debería suceder a continuación con la obra maestra de Charles Rennie Mackintosh (1868-1928). Muchos, incluyendo a Julian Harrap, que trabajó con David Chipperfield en la restauración del Museo Neues de Berlín, consideraron que era una oportunidad para un cambio, quizás atrevido, de la Escuela de Arte de Glasgow. Sin embargo, con la mayor parte de la estructura e intacta, se pensó que, aunque la tarea sería larga y minuciosa, una restauración fiel era la única opción real. Una razón relevante que apoyó esta decisión fue la cantidad de información disponible sobre el edificio: existían tanto las versiones originales como las modernas de los planos de construcción, junto con una extensa colección de fotografías y documentos de investigación.