Más allá de edificios históricos fascinantes como la Alhambra en Granada o la Mezquita en Córdoba, Andalucía ofrece un universo que descubrir en el que se funden la arquitectura y la gastronomía, especialmente en lo relacionado con la producción de vino y aceite de oliva y, cómo no, con el buen comer.
Empecemos por el vino
Si en el norte de España, afamados arquitectos internacionales han construido en las últimas décadas “edificios-espectáculo” para las marcas más conocidas, en Andalucía las grandes bodegas tradicionales, especialmente las de Jerez, ya modernizaron en los años 60 y 70 del pasado siglo sus instalaciones, las afamadas bodega-catedral, a través de ampliaciones consistentes en interesantísimos proyectos de arquitectura modular realizados por alguno de los mejores arquitectos e ingenieros del país. Ejemplo de ello son las bodegas Garvey, de Miguel Fissac, las Copas de Eduardo Torroja ̶diseñadas para albergar hasta 20.000 toneles de vino ̶, o las Bodegas William and Humbert del Estudio Arquinde, con sus más de 445 pilares. Todos edificios que siguen cumpliendo su función hoy en día de manera satisfactoria.
Pero el panorama de la arquitectura vinícola de la región es muy variado. Las grandes marcas tradicionales conviven junto a pequeñas bodegas que aprovechan para sus nuevas instalaciones parte del enorme patrimonio arquitectónico existente, recuperándolo de manera ejemplar. A la calidad de algunas de las intervenciones hay que sumar que, a menudo, se encuentran localizadas en territorios de gran riqueza paisajística. Es el caso de la bodega “Antigua real fábrica de hojalata“ escondida en el espectacular valle del río Genal, en la provincia de Málaga, una delicada intervención de recuperación arquitectónica de la arquitecta Elena Ordoñez en una fundición del siglo XVIII totalmente autónoma energéticamente y con una decoración interior sorprendente de la nave residencial, reconocida por ello con el premio Hispania Nostra.